| |
ENSEÑANZAS
:
La
actitud correcta para la práctica
Lama
Guendun Rinpoche
En
cierto sentido, la práctica es similar a cualquier clase
de trabajo. Si realmente queremos triunfar en algo, hemos de esforzarnos
día tras día. De la misma forma, si queremos lograr
la meta del Dharma, tendremos que dedicarnos día a día
a ello.
Nuestra
práctica no debe debilitarse; todo lo contrario, ha de
desarrollarse cada vez más a medida que el tiempo transcurre.
Si descuidamos la práctica, no se transmitirá realmente
ninguna bendición porque cuando practiquemos nuestra mente
estará distraída y pensando en otras cosas. Si tomamos
té, no estaremos disfrutando del té sino pensando
en lo que nos gustaría hacer en lugar de estar atentos
y concentrados en el acto de estar bebiendo. Este tipo de actitud
da lugar a muchos deseos y emociones relacionadas con el futuro,
así como una gran frustración; estamos constantemente
proyectándonos en un futuro todavía incierto, generando
así gran cantidad de deseos relacionados con algo que la
mayoría de las veces no ocurrirá. Preocupados por
el futuro, la mente se haya continuamente ocupada en trazar planes
y proyectos donde no queda espacio para reflexionar sobre nuestra
práctica presente. Esta falta de atención nos va
alejando cada vez más y más.
Sin
que ni siquiera nos demos cuenta, comenzamos a desarrollar numerosos
defectos. Olvidamos la práctica que estábamos realizando
y no nos podemos concentrar pasando de un pensamiento a otro.
Momento en el cual perdemos entusiasmo y apetencia por la práctica
del Dharma. A medida que nuestra meditación va empeorando,
sentimos mayor frustración y comenzamos a experimentar
emociones negativas de enojo, orgullo y celos. Olvidamos estar
atentos y ser siempre conscientes de la necesidad de practicar
diligentemente sin esperar resultado alguno. Es importante darse
cuenta de que éste tipo de actitud de desatención
solamente nos aporta más temor y expectativas.
Hemos
de reflexionar en profundidad sobre ello puesto que constituye
el mayor de los defectos que un practicante puede experimentar.
Básicamente surge del orgullo. Como somos practicantes
desde hace algunos años y hemos realizado algunas sadanas,
llegamos a creer que nos hemos convertido en alguien muy especial,
en alguien con experiencia y conocimientos inestimables sobre
el Dharma. Tenemos la certeza de ser mucho mejores que antes.
De hecho, cuanto menos practicamos y menos nos desarrollamos espiritualmente,
más creemos ser alguien especial e importante. Nos sentimos
muy puros y percibimos a los demás como no tan puros e
inexpertos; creemos que están equivocados mientras que
nosotros tenemos razón. Tenemos la impresión comprender
el Dharma y la verdadera realización. En resumen, creemos
saber más que el lama mismo. Sí, él es muy
amable, pero en realidad no ve lo que nosotros vemos, no se da
cuenta que quienes somos. Creemos que estamos ya Iluminados, que
somos ya un Buda, y que el lama no nos entiende. Así es
como nuestro orgullo va creciendo hasta que nos arrastra totalmente.
Convencidos de que tenemos razón y que los demás
se equivocan, sin siquiera nos damos cuenta de que nuestra inestabilidad
va aumentando; cada vez tenemos más problemas y nuestra
mente se ve perturbada por sentimientos de animadversión
hacia los demás e incluso hacia el maestro y la práctica
del Dharma.
Esto
no es infrecuente; se trata una situación muy común
entre los practicantes porque el orgullo siempre subsiste y con
él, el peligro consiguiente. Es un gran riesgo para el
practicante.
|