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ENSEÑANZAS
:
Un
altar para la Iluminación
Lama Guendun Rinpoche
A
veces podemos asombrarnos al ver montones de ofrendas de luces,
flores, incienso, agua, y comida en los templos budistas, o sorprendernos
del dinero que se entrega para construir stupas y similares. Nuestra
primera reacción puede ser preguntarnos: ¿De
qué le sirve todo esto al Buda? ¿Qué hay
detrás de todo esto?
Hemos de ver que son sólo maneras de contrarrestar nuestra
tendencia habitual a desviarlo todo en nuestro propio beneficio.
Hasta ahora, nuestra única preocupación ha sido
satisfacer nuestro ego, protegerlo, y con este fin hemos tratado
siempre de acaparar todo aquello que consideramos agradable, placentero
o una fuente de felicidad. Esto es lo que nos ha conducido a este
estado de sufrimiento e ignorancia en el que nos encontramos.
Y lo mismo es aplicable a todos los seres vivientes.
Hemos de librarnos de esa tendencia y la manera mejor de hacerlo
es desarrollar una tendencia en la dirección opuesta, una
que nos haga inclinarnos hacia la generosidad, el altruismo y
el compartir, en oposición a la codicia, el apego y la
posesividad. Por esto utilizamos al Buda como soporte, para que
nos ayude en nuestros actos de generosidad. Por esto levantamos
altares, construimos stupas y otros apoyos que actúan como
un punto focal para nuestra transformación interna.
Este acto de generosidad para transformar nuestras tendencias
basadas en el ego y sobre todo, la codicia y posesividad
va acompañada de un acto de confianza. Hacemos la ofrenda
porque reconocemos la grandeza, la superioridad de Iluminación.
Cada ofrenda es al mismo tiempo un acto de apertura, de entrega,
y de generosidad. Nos lleva en una dirección que nos liberará
de nuestro apego egoico y con seguridad nos conducirá a
la Iluminación.
De modo que el hacer ofrendas es una práctica muy importante,
tanto si se realiza de forma muy simple como de una manera más
elaborada. El elemento más importante es la intención
o motivación subyacente que acompaña al propio acto.
La ofrenda no es simplemente una acción; también
es un estilo de vida, una actitud de totalidad, al igual que la
codicia o el apego al ego. Cuando el apego al ego es el centro
de nuestro comportamiento, esta tendencia habitual en nuestra
mente inspirará todas nuestras acciones. Cuando somos egoístas
y codiciosos, todas nuestras acciones se dirigen hacia nosotros.
Para que la generosidad se convierta en nuestro estilo de vida,
se ha integrar en todos los aspectos en nuestras actividades
diarias. Todas nuestras acciones tienen que ser reconsideradas
desde el punto de vista de la generosidad, no sólo cuando
nos encontramos ante nuestro santuario.
Cuando la generosidad material se apoya en una ofrenda mental,
se vuelve ilimitada. También podemos ofrecer a la Iluminación
cualquier cosa que otros posean, de modo que en lugar de ver sólo
las cosas desde nuestro punto de vista sintiéndonos celosos
de lo que tienen los demás, podemos cultivar la generosidad
y ofrecerla a la Iluminación. También podemos ofrecer
a la Iluminación las cosas que no pertenecen a nadie en
particular: el sol, la luna y la naturaleza. De esta manera, lo
que es una fuente de apego se convierte en una ofrenda a la Iluminación.
Nos encontramos en un universo de ofrendas en el que podemos evolucionar
y transformar completamente nuestra actitud centrada en el ego,
en una actitud totalmente dedicada a la Iluminación.
En nuestro hogar hemos de tener un altar dedicado a la Iluminación,
un punto de apoyo y referencia para nuestras ofrendas y deseos.
Éste será el lugar especial dónde podemos
acudir a desarrollar esta nueva tendencia hacia la generosidad.
También será donde expresemos todos nuestros deseos
que nos llevarán en la dirección de la Iluminación.
Será el apoyo para nuestra acumulación de mérito.
El altar puede ser muy simple: quizá una sola fotografía
o estatua, con algunas ofrendas tradicionales delante. Hemos de
empezar cada día con un acto de generosidad y acompañarlo
con deseos como el de refugio o la oración de desarrollo
de la bodichita. Esto nos colocará en el estado mental
adecuado para progresar a lo largo del camino de la Iluminación.
Los cuencos de ofrendas
¿Cuál
es el significado de los siete cuencos tradicionales y sus ofrendas?
A través de las experiencias sensoriales de vista, olfato,
etc... nos hemos apegado desde tiempos inmemoriales a muchas cosas
y hemos acumulado muchas acciones negativas al perseguir esos
apegos. Ahora que nos hemos dado cuenta de lo dependientes que
somos y de lo poco hábiles que hemos sido por culpa de
ello, decidimos actuar contra esto a través de ofrendas
por las experiencias sensoriales.
Para que esta clase de neutralización sea efectiva tenemos
que hacer algo física y mentalmente. Por eso ofrecemos
incienso, agua, lámparas de aceite, etc. Debemos ser conscientes
de que nuestras acciones, desde siempre, motivadas por los apegos
sensoriales han acumulado mucho karma negativo que ahora gobierna
nuestras actitudes y acciones. Por esto debemos esforzarnos constantemente
para invertir esta tendencia y por este motivo tenemos que realizar
ofrendas de manera habitual. Si realmente hacemos la ofrenda con
nuestra mente unificada por completo con lo que estamos haciendo
físicamente, dicha ofrenda tendrá bastante poder
para purificar esas tendencias negativas y aumentar las positivas
al crear mérito.
Sabemos que actuando de una cierta manera hemos creado karma negativo,
y ahora actuando de manera diferente podemos aumentar el karma
positivo hasta alcanzar el punto en el que lo previamente acumulado
sea purificado por completo. Todo depende de la mente, de manera
que es muy importante cambiar nuestra actitud y manera de pensar,
pues todo el karma negativo se crea primero en la mente como consecuencia
de las tendencias negativas que subyacen a nuestro comportamiento.
Pero puesto que la mente está detrás de todo, cuando
realmente decidimos cambiar la dirección de nuestra mente
y desarrollarla en un sentido más positivo, podemos tener
la seguridad de que todas nuestras expresiones corporales y verbales
serán también positivas pues la mente es esencial
en la creación de karma.
No hemos de hacer ofrendas porque los Lama, o las Tres Joyas,
o las Deidades de la Meditación tengan hambre o sed; no
hay lugar para este tipo de pensamiento dualista. Cuando ofrecemos
un torma, no hay ninguna intención calculada detrás:
Si ofrezco esta torma podré pedir a cambio esto o
aquello, y mis deseos se cumplirán. Puedo establecer un
pacto con las deidades, o con las Tres Joyas para obtener todo
lo que quiero. No funciona así. Todo es creado por
la mente, de modo que cuando oramos para ver cumplidos nuestros
deseos, para que alcancemos todo lo bueno y que todo lo malo sea
eliminado, no estamos pidiendo a nadie que lo haga; es simplemente
la mente. La deidad a la cual oramos o hacemos nuestras peticiones
forma parte también de nuestra propia mente y no debemos
pensar en ella como en algo diferente.
Es mediante el poder de la mente que hacemos que las cosas sucedan
de una determinada manera. Es la mente viéndoselas con
la mente. Implica alguna clase de convicción: formulando
deseos y orando, se desarrollará una mente positiva y,
como resultado, sucederán cosas positivas al verse superada
la mente negativa y con ella los resultados negativos.
Devoción y ofrenda
Lo más
importante es la actitud que acompaña al gesto de ofrecer;
eso es lo que provoca la acumulación de mérito y
determina si éste se convierte en infinito e inconcebible,
o no. Por lo tanto, cada acto de generosidad debe ir acompañado
de una actitud que esté libre de interés en uno
mismo y al mismo tiempo que sea infinita, lo cual implica que
no estamos limitando esa ofrenda exclusivamente a la acción
material. Esto es importante porque si nuestra mente limita la
ofrenda, nuestra ofrenda será limitada.
Ofrecer es algo que sucede en los tres niveles: corporal, verbal
y mental. Realizando la ofrenda a estos tres niveles los purificamos
todos. Las acciones corporales sean movimientos físicos
reales de generosidad, o los movimientos de una práctica
ritual que incluya la generosidad serán el soporte
del desarrollo de nuestra actitud mental de generosidad. Mediante
la palabra en el caso de un ritual por ejemplo expresamos
nuestras intenciones, reconocemos las cualidades de la Iluminación
y aspiramos a alcanzarla mediante el ofrecimiento de todas nuestras
posesiones, de todo aquello que es objeto de nuestro apego. A
través de la mente, desarrollamos confianza, devoción
y convicción en las cualidades de la Iluminación.
También utilizamos nuestra mente para multiplicar nuestras
ofrendas materiales hasta el infinito.
Nuestra ofrenda es, por consiguiente, completa; algo que sucede
simultáneamente en los niveles de cuerpo, palabra y mente,
y posibilita que tenga lugar una verdadera purificación
en los tres niveles de nuestro ser.
Una vez, alguien le ofreció una flor a Shakyamuni, con
una mente unificada y llena de confianza y devoción, multiplicando
mentalmente la ofrenda hasta el infinito. El Buda respondió
diciendo que debido a que aquella persona en el momento de la
ofrenda había reconocido las cualidades de la Iluminación,
aspirando a alcanzarla, y había considerado el acto de
ofrecer la flor como el símbolo de la renuncia a todos
los apegos, la ofrenda había servido para sembrar la semilla
de la Iluminación en su mente.
Esto nos muestra lo importante que es prestar atención
a la actitud correcta de la mente asegurándonos que acompaña
todos nuestros actos de generosidad. Cuando hacemos las ofrendas,
nuestra mente debe estar llena de confianza y devoción.
Hemos de considerar que el Buda está realmente presente
ante nosotros mientras realizamos la ofrenda, y es esta devoción
la que convierte nuestra acción en una que acumulará
mucho mérito. Si nuestra mente está llena de confianza
y devoción mientras confiados y entregándonos
se lo ofrecemos todo materialmente y en nuestra imaginación
a la Iluminación, en ese mismo instante todo apego e ignorancia
desaparecen y la acumulación de mérito es inestimable.
Sin esta actitud mental podemos ser exteriormente generosos y
realizar grandes ofrendas materiales, pero simplemente seremos
como niños jugando a ser tenderos o conduciendo automóviles
de juguete por los castillos de arena que hemos construido, creyendo
que todo ello es real.
Hemos de comprender que aunque las ofrendas son a los Iluminados,
eso no quiere decir que les vaya a ayudar, sino más bien
a nosotros. No debemos pensar que puesto que el Buda no tiene
donde vivir, tenemos que construirle un altar en casa de manera
que pueda dormir en alguna parte, ni que tengamos que ofrecerle
arroz y agua en pequeños cuencos o bizcochos en platitos
para calmarle el hambre o la sed. ¡Vaya tontería!
Hemos de darnos cuenta de que dedicarle un altar y hacerle ofrendas
con regularidad nos sirve, por una parte, para hacernos recordar
la Iluminación y sus cualidades y desarrollar en nosotros
confianza y devoción hacia él; y por otra, nos ayuda
a liberarnos de nuestra ávida codicia la tendencia
de tratar de obtener siempre lo mejor para nosotros. De
forma generosa y devota ofrecemos lo mejor y nos libramos de este
egocentrismo que intenta acapararlo todo para uno mismo.
Si la ofrenda se realiza en un marco mental en el que reina la
devoción, la confianza y el respeto, al mismo tiempo que
la comprensión de que ésta es la manera de librarnos
de nuestras arraigadas tendencias de codicia y posesividad, entonces
es eficaz. Acumulamos mérito y las tendencias desaparecen.
Si no lo hacemos así, levantar un altar y llenar los cuencos
cada mañana son nada más que las acciones de un
niño jugando a celebrar fiestas.
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