ENSEÑANZAS :

Orando al lama
Lama Guendun Rinpoche


Lama Guendun RinpocheLama es aquél que ha heredado la realización del dharmakaya, Dorye Chang, recibido a través de un linaje ininterrumpido de trasmisión y sin haber sido dañado en lo más mínimo. Eso significa que cuando oramos al lama, estamos orando a la mente iluminada. El lama es la compasión iluminada que sustenta la bendición y, por consiguiente, es el único capaz de transmitir esta bendición de compasión y dharmakaya. El lama tiene la habilidad de transferir todas sus cualidades al discípulo, sin embargo, la capacidad de desarrollar estas cualidades dependerá de la confianza que tengamos en él y las oraciones que le dirijamos.

Cuando oramos a la mente del lama no lo hacemos a la mente de una persona ordinaria. El lama no es lo que parece ser. Él es la mente fundamental, la mente de la compasión, el dharmakaya, Dorje Chang, el verdadero objetivo de nuestras oraciones. El lama como sustentador de la bendición del dharmakaya, es un inevitable punto de acceso y por este motivo nos referimos al lama como una “puerta”, aquél que nos permite acceder a las bendiciones y la transmisión que le acompaña. Orando al lama, esta puerta se abre. Ver al lama de esta manera significa que no lo consideramos simplemente como una persona. Orar a la mente ordinaria de la persona de carne y hueso tan sólo supondrá la realización de ese estado ordinario, lo que claramente no es nuestro objetivo. Al contrario, en nuestras oraciones al lama debemos pensar en él como la encarnación de todos los budas, como la mente de compasión y sabiduría de todos los budas. Si oramos al lama en ese nivel, entonces —y gracias a su bendición— ése será el resultado que obtendremos.

Ocurre igual que con la estatua del Buda o un libro del Dharma. Es un apoyo. Si ante ese apoyo creemos estar realmente en presencia del cuerpo o de las palabras del Buda, entonces recibimos verdaderamente la bendición del Buda y su enseñanza a través de nuestra respetuosa actitud. Si consideramos que en este soporte el Buda está presente, recibiremos la bendición del Buda. Todo depende de nuestra actitud mental. Con el lama ocurre lo mismo: él representa un soporte que puede darnos la bendición.

Cuando oramos al maestro, es obvio que no debemos dirigirnos a la persona como tal, sino a la mente iluminada que fluye a través de él. Si oramos a la persona, existirán limitaciones: veremos ante nosotros una forma humana con sus capacidades o la falta de ellas. En la relación de maestro y discípulo, utilizamos la presencia de la persona para contactar con la mente iluminada. A través de un apoyo de este tipo recibiremos las bendiciones que nos permitirán disipar los velos que nos cubren. Por esa razón podríamos decir que la habilidad del discípulo para ver más allá de la forma externa del maestro es quizás más importante que cualquier habilidad que el maestro pueda tener.

Un ejemplo muy conocido ilustra lo dicho: la historia de la vieja mujer tibetana cuyo hijo viajó por negocios a India y al que le pidió que le trajera de allí algunas santas reliquias, cualquier cosa que hubiera sido directa o indirectamente tocada por el Buda. El hijo partió de viaje, pero —como todos los comerciantes— estuvo tan ocupado que sólo cuando se encontró de nuevo ante la casa de su madre se dio cuenta de que se había olvidado de llevarle algo de su viaje a India. Se estaba preguntando qué hacer cuando, a unos pasos de la casa, vio el cráneo de un perro muerto. Arrancó uno de sus dientes, lo envolvió en un pedazo de seda fina y se lo ofreció a su madre como uno de los dientes del Buda. Su madre no lo dudó ni un instante y lo colocó en una urna. Durante los últimos años de su vida utilizó aquel “diente del Buda" como apoyo para sus devociones, realizando sus prácticas y ofrendas ante él. Gracias a ese soporte —en realidad, el diente de un perro— recibió la bendición del “diente del Buda”, las bendiciones de la mente iluminada, de modo que al morir mostró todas los signos de realización dejando reliquias en su pira funeraria.

Cuando oramos al lama, debemos pensar que en ese momento él es la encarnación de todos los lamas. No tenemos que orar ahora a este lama y luego a otro, ni sentir que uno nos gusta pero otro no tanto... una actitud así es incorrecta. Simplemente tenemos que desarrollar una muy profunda y fuerte confianza en que todos los lamas son uno. Son simplemente aspectos diferentes, manifestaciones diferentes del mismo ser.
Hemos de orar siendo conscientes de que nuestro sentimiento de la presencia del lama incluye en él a todos los lamas de todos los linajes que hemos conocido. No debemos involucrarnos en actitudes mentales que tienden a hacernos pensar: “Oraré a este lama, pero no a ése porque no es mi lama". Todas esas actitudes son equivocadas porque están dividiendo la realidad misma. Cuando oramos al lama, no estamos orando con el intelecto, de una manera conceptual, invocando a un lama mientras les decimos a los demás que se queden donde están. Ha de aparecer la dimensión de la sabiduría: el lama representa en sí esa consciencia primordial omnipresente y que, por consiguiente, se encuentra en todos los lamas.
Todo emana del maestro raíz, todo está incluido en él. Todos los yidams son proyecciones del lama, todos los Budas están incluidos en el lama. Si oramos a la fuente misma, estamos oramos a todo. Si rechazamos un lama, entonces estamos rechazando a todos los Budas, porque no hay un solo Buda que no haya necesitado de un maestro para alcanzar la Iluminación. Puesto que el potencial para realizar la condición de Buda depende solamente del lama, rechazar al lama equivale a rechazar a todos los Budas. Por eso debemos orar al lama mientras le consideramos como completamente inseparable de todos los Budas, de todos los maestros, hasta que nuestra mente se vuelva inseparable de la suya.
Y como al orar al lama no estamos dirigiéndonos a la persona física como tal, podemos muy bien orar al lama sin conferirle una forma determinada, sin proporcionarle una apariencia, sin proporcionarnos a nosotros mismos un punto de referencia específico. En ese caso, consideramos al lama simplemente como una representación de las bendiciones de la mente compasiva de todos los Budas. Con este estado de mente nos abrimos a esta bendición permitiéndole entrar en nosotros. Hemos de desarrollar una confianza profunda en que esa bendición nos será realmente transferida, junto a todas las cualidades del lama que son también las cualidades de todos los Budas. De esta manera, si desarrollamos la confianza suficiente, no tenemos que darle al lama un aspecto formal, no tenemos que pensar en nada, ni siquiera en sentir la necesidad de dirigirnos al lama como una persona. A través del lama nos estamos dirigiendo directamente a la transmisión, a este aspecto de compasión y bendición que es la Iluminación de los Budas. De manera que no es necesario ver el lama con nuestros ojos ni utilizar nuestra boca para hablarle. Lo importante es orar al lama con confianza y convicción. Es inútil recitar una oración sin tener confianza.

Si realizamos la práctica del lama sin tener confianza, podremos tener una visión encantadora del lama, representándolo muy claramente en nuestra mente, pero eso no es lo que la práctica busca realmente; nos habremos desviado. También podemos pensar en el lama, en su forma física y orarle de esa manera pensando en él como una persona determinada, pero eso es como mantener una relación ordinaria con alguien. Si el lama es viejo o feo, nos sentiremos a disgusto, mientras que si es joven y guapo nos sentiremos atraídos por él y una vez más, nos equivocaremos en nuestra práctica.
La actitud correcta hacia el lama es la de confianza en lo que representa y en la bendición que sustenta. La fuerza de la confianza y devoción que desarrollemos en el lama tiene el efecto de fundir al lama en la luz, sea cual sea la imagen que tengamos de él o cómo le hayamos representado. Entonces, esa luz se funde con nosotros; ésta es la manera en que recibimos la verdadera bendición del lama y todo lo que él representa. Por otra parte, siempre hemos mantenido una actitud hacia el lama basada en nuestros propios deseos, en nuestras propias aspiraciones, en nuestra visión, y la proyectamos hacia el lama con la esperanza de que él responderá a nuestros deseos. Todo lo que en ese punto surge en nosotros, todas nuestras aspiraciones, no son más que deseos y la esperanza de que el lama nos los confirme. El resultado final de este tipo de práctica, de esta forma de orar, sólo desarrolla más deseo y nos hace crecer más y más dependientes del deseo.
Si practicamos el Yoga del Gurú, a través de la oración, el lama y nuestra propia mente se fundirán, siendo completamente uno. Nos estableceremos en un estado de unión que es el verdadero significado de la “meditación”. Una meditación así purificará nuestro deseo inicial, su aspecto impuro, y comprenderemos que nuestra mente y la mente del lama son idénticas, no dos. A través de esto conoceremos el dharmata, la esencia de lo fenoménico, el cual es también esta misma unidad. Si no lo hacemos así permaneceremos bajo una forma de deseo ordinario y cuando este deseo surja en el contexto de nuestra práctica, desarrollaremos una idea ordinaria, impura, del lama; y nuestra relación con él se verá comprometida. Nuestra práctica sólo servirá para desarrollar cada vez más esta fuerza del deseo, este estado emocional impuro de la mente, con el resultado final de un incremento en la perturbación emocional de la mente.
Por otro lado, si practicamos adecuadamente y unimos nuestra mente con la mente del lama, debido a esta unión todas las emociones que puedan haber surgido o sido provocadas, se purificarán completamente. Nuestra mente se liberará de todas las emociones, sea cual sea su intensidad; todas ellas serán liberadas en esta unión de nuestra mente y el lama, el dharmata.
En tibetano, “Orar” significa literalmente “hacer una petición”. ¡Estamos pidiendo tener más confianza, más convicción para poder orar más! Orar es muy simple: simplemente unir nuestra mente con la mente del lama dándonos cuenta de que la mente del lama, nuestra propia mente y el dharmakaya son inseparables; son, simplemente, la verdadera naturaleza de la mente. Es suficiente con pensar que el lama al que estamos orando es la encarnación de todos los lamas, yidams, protectores y dakinis, de manera que todo sin excepción es la manifestación del lama. Una vez nuestra mente se une a la suya, se une a todos estos diferentes aspectos.
Ésta es la manera más simple de orar al lama, pero también la más elevada. Existen prácticas para el practicante superior y para el practicante inferior, pero mantener la mente en un estado de simplicidad exento de toda complicación, sin elaboraciones mentales, orar de esta forma tan natural al maestro, es la práctica más excelsa.